Aceitunas Aloreñas

Mi padre adoptivo Julián Armendáriz siempre presume de eslogan de empresa familiar, y no me extraña, porque no conozco mejor “jingle” de radio que “desde un ancla hasta un condón, suministros Poseidón”.

El “veinte, veintiuno, veintidós” del CCC del amigo Azcarate tampoco está nada mal, pero qué quieren que les diga, los amigos malagueños de encurtidos Bravo, en Alhaurín El Grande, juegan a caballo ganador con sus “aceitunas Brabur, ponga en su mesa glamour”, ¡Santiago y cierra, España!

Me gustan más las aceitunas que a un tonto un lapicero y compruebo con alegría cómo las nuevas generaciones de infantes andan chupándolas, dejando su hueso mondo por los bares de toda la geografía.

La oliva nunca pasará de moda y está concebida para que las generaciones venideras no pierdan el sentido de la marcha en cuestiones de tapeo, que la cosa del pincho moderno insustancial está a la orden del día.

Así que las tienen bravas, moradas sajadas, gordales con hueso o rellenas de pepinillo y almendra o incluso revueltas en macedonias en la golfa compañía de ajos blancos, alcaparrones, cebollitas o coliflores.

Pero para ponerse morados como aristócratas en una novela del Marqués de Sade, no duden en echarle mano a las Aloreñas, carnosas a rabiar por su generosa hechura, con un calibre por encima del de otras variedades y sabrosas un rato largo, con el privilegio de ser la primera oliva de mesa con denominación de origen protegida, asunto que la vincula con el territorio y el carácter artesanal de su manufactura.

www.aceitunasbravo.com 
Precio aprox.: 500 g – 3,30 euros

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