Torrejón

Comida sin bobadas
Una tasca de polígono regentada por el gran Toñín y toda su familia

Somos muchos los que cruzamos Zaragoza constantemente, en nuestras idas y venidas de trabajo, recreo, ocio y demás tareas que nos mantienen ocupados y alertas por la meseta. Mientras esperamos a que finalicen las obras para que el AVE llegue a nuestras estaciones, ¡qué ganas!, somos legión los que consideramos el tren rápido como el mejor medio de transporte posible, pues para pillarlo, no es necesario salir de casa al alba, ni quitarse el cinturón, ni descalzarse, ni ser contorsionista o faquir para encajarse en el asiento, como nos ocurre en la mayoría de los vuelos, a los que tanto temo por los retrasos y los inconvenientes, dicho sea de paso.

Por eso, si ustedes son de los que frecuentan con cierta asiduidad la Estación de Delicias, sabrán de lo que hablo, pues es un verdadero planazo desplazarse hasta allá en automóvil, aparcarlo cómodamente en sus instalaciones y viajar como un marqués por el resto de España con la sensación de no haber malgastado un solo minuto de nuestro tiempo en esperas o retrasos. Y en esas idas y venidas, vas feliz y bien contento, pues igual cerraste un acuerdo comercial en Barcelona, paseaste por la fabulosa Alhambra granadina o por la mezquita de Córdoba. Siempre llegas tranquilo al andén, agarras tu auto y pones rumbo a casa más contento que un nazareno al alba, camino de su estación de penitencia. Y ocurre que en Zaragoza se te alumbra mucho más el apetito ante la descomunal visión de su mole catedralicia, ¡viva El Pilar!, así que es un verdadero planazo restaurar el apetito en la casa que hoy nos entretiene, que es una tasca sin miramientos regentada por el amigo Toñín y su familia, verdaderos fuera de serie.

Podrán zamparse un menú del día que no se lo saltaría ni “Cagancho”, el mejor caballo del maestro Pablo Hermoso de Mendoza, elegido en un glorioso listado que diariamente cuelgan de la pared con sus chinchetas. Así que en cuanto franqueen la puerta del establecimiento, pisarán el bar, volarán al comedor y verán cómo se las gasta la nutrida concurrencia, que está ya amaestrada tras muchos años de paciente espera diaria, parecen adolescentes en un concierto de Alejandro Sanz, soñando con sentarse mientras les dan vueltas los ojos de impaciencia. Igual da que sean chóferes, obreros de la construcción, ingenieros agrónomos, chamarileros o vendedores de ajos, pues para que nadie pierda un segundo y siga su ruta en camión, berlina o “fragoneta”, los platillos están ordenados con orden y concierto como en los índices de un libro de cocina de categoría, a saber: “caldos y sopas”, “verduras”, “pastas, arroces y entrantes”, “legumbres”, “ensaladas”, “pescados frescos”, “guisos”, “carnes a la brasa”, “postres caseros” y “fruta natural”. Así de simple.

Y se te pone cara de bobo, si llegaste hambriento desde Ciudad Real o pasaste la mañana currando en la vecina “Merca-Zaragoza”, pues miras la lista y sueñas con el tazón de consomé con huevo escalfado y Jerez, la sopa de cocido con fideos o el cardo en salsa de almendras, las acelgas con patatas y jamón o la crema de verduras con costrones. Si, por el contrario, tu jornada discurrió a lomos de una hormigonera y descargaste sacos de cemento, te apetecerán más los fideos con pescado, la pasta con salsa de queso o los garbanzos a la marinera con bacalao, contundentes y de grueso caldo bien fraguado. Para los que hacen tele-venta, vendedores de seguros y comerciales de productos de belleza, la mejor opción son las ensaladas de toda suerte y condición o la ensaladilla rusa, madrina de honor de entre todas las reinas posibles.

Y para terminar, metan la mano en un enorme saco de tela y extraigan la bola ganadora para hacerse con el mejor bingo que podrían haber soñado los geniales Andrés Pajares y Fernando Esteso, cartón que corta el hipo y reagrupa los mejores números y recetillas de todas las comunidades autónomas: escalope, codorniz escabechada, conejo frito con pila de ajos o escabechado tradicional, estofado de ternera, pollo guisado con champis, albóndigas y unas manos de cerdo guisadas con la salsa picante de la casa, ¡están fuera de serie! Sobre las brasas no se pasa de puntillas, como en las fiestas menorquinas de San Juan, sino que arriman a conciencia las ascuas a todo lo que pillan, igual les da codornices que brochetas de pollo, costillas, codillos, secretos o carrilleras de cerdo, longanizas, salchichas o churrasco de ternera.

Rematando el postre, que es gerundio, comprobarán que en esta casa dejan el “brownie” y el “crumble” para establecimientos “vintage” más punteros y centran la jugada en los clásicos patrios, brazo de gitano, mousse de limón, bizcocho borracho, quesada, arroz con leche, flan de huevo, tartas, natillas con galleta maría y cuajada con miel, reservando, eso sí, macedonia de frutas, yogur, melón natural y zumo de naranja para ese grupito de delgaduchos programadores informáticos o mazados que aterrizan a última hora tras pegarse una paliza soberana en el gimnasio haciendo “zumba”.

Torrejón
Carretera Cogullada 28 – Zaragoza
Tel.: 976 470 919
www.restaurantetorrejon.es

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Tasca moderna de polígono
¿CON QUIÉN? Con amigos / Negocios
PRECIO Alto – Medio – Bajo

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