Bar Basque

Buen ambiente y bocatas guapos
Una carta sencilla sin pretensión, resuelta con actitud y productos de calidad

Hay una llamada que todos sentimos alguna vez, que es la de una madre anunciando a grito pelado desde un balcón la hora de la merienda. La mía salía a la ventana de villa Kurlinka con un par de bocatas en las manos y lanzaba unas ráfagas hipo-huracanadas que se escuchaban a varios kilómetros de distancia, igual daba que estuviéramos en la vieja fábrica de cartones camino de Guadalupe que en el derribado caserío Masti, pues hacia ella volábamos en nuestras bicicletas con un apetito voraz.

Me temo que hoy los críos juegan perturbados por las maquinitas y los dispositivos electrónicos, pero entonces, hacíamos el indio en la calle y el único descanso era el rato dedicado al sagrado bocadillo, ese pan con jamón, chorizo de Pamplona, paté o chocolate que servía para cargar pilas y reponer fuerzas hasta que se hacía de noche. ¿Hay algo que pueda disfrutarse más que ese bocata de la merienda? Les confesaré que yo me zampaba dos, el que ella me preparaba y el segundo que nos currábamos en la casa vacía de padres de algún colega, aprovechando la soledad de la cocina. Arrimábamos la sartén al fuego si era necesario y nos vengábamos con unas traineras de escándalo rellenas de tortilla francesa mal hecha, lomo de cerdo refregado con tomate y mi favorito, el de sardinas de lata con su miga empapuzada de aceite.

Para llegar hasta el local que hoy les recomiendo, pilotado por los hermanos Santamaría en el puerto deportivo de Hondarribia, tendrán que soportar un par más de cuentos de Calleja de mi infancia, en los que también estuvieron presentes la familia Jáuregui, que dejaban que nos zambulléramos en su piscina las noches de chicharra. O el paseo que después del baño nos cascábamos mi difunto padre y yo hasta las marismas cercanas a la playa, lugar en el que muchos años más tarde levantaron unas fabulosas instalaciones deportivas de recreo y puerto deportivo, que hoy todos disfrutamos y fueron soñadas por Borja Jáuregui, uno de los alcaldes más eficaces, currelas y castas de la historia de Hondarribia que dejó aquello como los chorros del oro para que paseemos o nos plantemos en sus terrazas en cuanto casca Lorenzo, con unas vistas de verdadero infarto sobre los espigones y el horizonte.

No sé cómo serán las playas de Miami o las de la Baja California, pero les aseguro que aquel entorno es de verdadero ensueño, si echan un vistazo a sus paseos o a la movida deportiva de cualquier tarde -futbolistas, patineteros, ciclistas, motos de agua yendo y viniendo, corredores de pista o chavales con sus tablas practicando piruetas por las rampas-, alucinarán en cinemascope. Así que voy entrando ya en vereda y desacelerando para sentarles a todos ustedes en la terraza del Bar Basque, templo del bocata supremo, que es el tasco ante el que hoy les ofrezco mi sermón sabatino y que gestionan Odei, Joseba y Nagore, los hijos de un titán de tomo y lomo, el gran José Antonio Santamaría, que demostró raza y garra jugando a fútbol como un tigre, defendiendo los colores de la Real Sociedad. Fue empresario y regentó el viejo Basque -del que sus hijos tomaron el nombre en sentido homenaje-, fundando la discoteca Ku en Ibiza y Donostia, así que el buen hombre no se anduvo con chiquitas.

Y por aquí campan hoy sus chavales, sanos y hechos unos pimpollos, abanderando y heredando la pasión familiar por el equipo txuri-urdin y el surf, pues no hay momento del día en el que no traten los asuntos del balón y de la ola que rompe y se cabalga por la cresta, o como demonios se haga. En este otoño soleado, tras el vendaval y las riadas del verano, es un planazo buscar acomodo en su terraza y echar cuenta de su selección de bebercios bien cuidados, pues además de las cañas de toda la vida de dios, los muchachos se tomaron la molestia de enfriar cervezas locales de grifo o embotelladas, para los paladares más refinados. Atesoran una carta con una oferta sencilla, convirtiendo la casa en lugar de reunión para todo pichichi y escenario perfecto para echar el rato o quedarse a zampar algo, sin mayor pretensión, pero eso sí, resuelto todo con actitud, ganas de agradar y productos de calidad.

Si toman posiciones verán en lo más alto la foto enmarcada del difunto Santamaría, y cuando alguien presume de padre, ¡qué quieren que les diga!, dan ganas de lanzar txupines y de ponerse a pagar rondas, ¡viva Rusia! Las olivas gordales deshuesadas son pelotudas y sirven chorizo de sarta, como en las tabernas decentes. Las ensaladas “Mundaka”, “Carlos Xavier”, “King Millenium” o la “Atotxa”, que es la que se comería Tina la de Yanci, las elaboran con los mejores tomates del mundo mundial, cebolletas y aceite del bueno, así que pónganse cariñosos y verán cómo les añaden unos buenos cascotes de bonito de conserva. La fritanga reparte sus “cupones” entre croquetas, calamares, alitas de pollo con salsa guarra barbacoa, bolas de queso, los clásicos picantes, mejillones y el premio especial que no es otro que las patatas de verdad, fritas sin gilipolleces y en aceite de oliva.

Por último, están reventonas las hamburguesas de carne de vaca y los bocatas que todo el mundo se mete doblados entre pecho y espalda, destacando el “Guetary” de pollo pringoso, el “Satrústegui”, de paleta cocida ibérica y cebolla sofrita, el “Zenitz” con beicon frito y la comparsa habitual, el “Zurutuza” de ternera con setas y toda la charanga, el “Lafitania”, pepito de solomillo con pimientos, el “Pico Pedro” con beicon, queso y pimiento verde y el gran “Txema Olazabal” que lleva pollo, setas, queso, cebolla pochada, mahonesa y curiosamente no atesora lechuga, a pesar de las dos chaquetas verdes ganadas en Augusta. ¡Larga vida al Basque y a los Santamaría!

Bar Basque
Minatera kalea 2 bajo
Puerto Deportivo de Hondarribia
Tel.: 843 983 475

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Tasca
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja
PRECIO 25 €

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