Django Mala Gissona

Muchos de ustedes habrán escuchado alguna vez al belga Django Reinhardt, un moreno apodado “el príncipe gitano” que en vez de nacer con un pan, se vino al mundo con una guitarra bajo el brazo. Creció en un ambiente chamarilero de pillos y buscavidas, rodeado de caravanas de artistas y vendedores ambulantes de poca monta, escasos recursos y mucha casta.

Siendo chaval, se instaló en las afueras de París con la familia y allá se echó al ruedo con unas manos prodigiosas y ese duende de los privilegiados capaces de enmudecer a todo pichichi en cuanto hacía sonar su guitarra a un ritmo frenético y endiablado. Como la cerveza que hoy nos ocupa, bautizada felizmente con su nombre, que también es capaz de dejarnos boquiabiertos y hacernos mover el esqueleto en cuanto le arreas tres tragos, empiezas a mover las caderas aunque no lleven bisagras, te estremeces hasta el cuello e incluso los piececitos más reacios se pegarán un bailoteo.

La música de Django representó el espíritu de una Europa con más ganas que nunca de divertirse y desató un furor inédito en aquella época, pues fue el sumo responsable del swing europeo como los negratas de las plantaciones de algodón lo fueron del jazz en los Estados Unidos. Así que esta birra es una “blanche”, hija putativa del guitarreo gitano y de la forma de elaborar cerveza de los monjes de Brabante, que empleaban cereales sin maltear, naranjas, especias y otros ingredientes que le dan al trago un carácter cítrico y afrutado, como la mordida de un pan de especias alsaciano o un pandoro veronés.

Tienen otras birras inmensas como la “Nao”, que es una pale ale brillante de espuma blanca y compacta. Si se las beben en el local que tienen en el barrio de Gros podrán empujarlas con una de las mejores hamburguesas de Donostia, eso sí, no se corten y escóltenla con un buen carro de patatas fritas.

www.malagissona.beer
precio aprox.: 33 cl. – 3 euros

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