Il Giardinetto

Clásico barcelonés
Una carta apetecible bien centrada en el recetario italiano que gusta a todo pichichi

Alguno escribió por ahí que entrar en este restorán barcelonés provoca la impresión de sumergirse en un cuadro de Hopper, con esa luz reveladora y un verdor que sube desde la moqueta y por las paredes hasta las columnas convertidas en troncos de un bosque inundado de hojas hasta el techo. Podrán comprobar que lo que detallo y verán sus ojos si franquean el umbral de la puerta, ya impresionó al jurado de los premios FAD por dos veces, pues en 1974 y 2013 reconocieron el valor del espacio otorgándole el privilegio de pasar a la historia de los mejores manuales de diseño de interiores y olé. Seré sincero y les confesaré que aquel hermoso decorado me recuerda mucho más a los lienzos de Henri Julien Félix Rousseau, aquel aduanero y máximo exponente de la pintura naif que representaba escenas selváticas llenas de pájaros de caprichosas plumas y animales fieros.

El lugar es una caverna ilustrada y simbólica en la que se dieron cita y aún hoy se dejan ver muchos hijos de aquellos escritores, fotógrafos, artistas, actores y cineastas que escribieron las primeras líneas de la cultureta libertaria de los años ochenta, la misma que se sacudía las pulgas del franquismo arrancando las cenas con buenos pelotazos de Dry Martini, Caipirinhas, Mary Pickfords, Mojitos, Negronis de ginebra, vermú y campari o Margaritas de tequila, con mucho zumo de limón y Cointreau. Entonces todo era luz, chicas guapas, tiarrones de dos metros y desenfreno.

El padre espiritual de esta criatura ubicada en pleno cogollito barcelonés se llama Leopoldo Pomés y es autor de muchos hitos publicitarios, eminente fotógrafo de vanguardia en los años 60 y 70 que, entre otras virguerías, inauguró a muy pocos metros del local que hoy nos ocupa la famosa tortillería-hamburguesería “Flash-Flash”, con una decoración que haría las delicias del modisto Courréges y unos camareros encajados en chaquetillas blancas. Su hijo Poldo recogió el testigo y perpetúa el éxito de una fórmula que combina un bar con su coctelería y unas pocas mesas, con un comedor superior abierto a la planta baja, una singular oferta de platillos para picar y una carta apetecible bien centrada en el recetario italiano que gusta a todo pichichi. Eso sí, con algunas concesiones a la galería más cosmopolita, como podrán comprobar con los tártaros, algunos pescados locales o el tremendo “ou en panet” de jamón ibérico o sobrasada, uno de los pilares más solicitados que campea en carta por ser tradición familiar que bordaba la abuela de Poldo, especie de comistrajo delicioso y voluptuoso que no tendría cabida en un restorán de postín, pero que convirtieron por méritos en un imprescindible pedazo de pan tierno relleno de huevo con sus claras sufladas y gratinado. Una gochada que no tiene parangón y que deberían probar sí o sí, háganle hueco corriendo antes una maratón, haciendo Pilates o subiendo en bicicleta el Alpe d’Huez.

Da verdadero gustazo encontrar locales históricos que dieron toda una vuelta de campana y conservan aún intacto el carisma y el sabor de sus comienzos, capaces de congregar sentados en sus mesas a todo cristo, pues igual da que seas esteta o jubileta, ligón o pendenciero, ministro o fino ebanista, pianista o medio sordo, que allá sentirás ese ambiente almizclado que reúne a la vieja guardia y a los nuevos fieles que buscan autenticidad, buena cocina y la ensoñación del pequeño escaparate que da a la calle, que renuevan con frecuencia y es reflejo del carácter abierto y evolutivo de la casa, ¡una maravilla!

Entre los clásicos podrán elegir la mozzarella de búfala pringada de pesto o la jugosa y escurridiza burrata aliñada con almendras y tomates secos macerados. La clásica ensalada “Okinawa” de judías verdes aderezadas con bonito y sésamo tostado es otra opción que viene seduciendo a la clientela desde hace ya tiempo. Los platos de fina pasta son el timbre de gloria del lugar y no es extraño ver a ejecutivos trajeados y demás fauna de las finanzas plantarse la servilleta al cuello para no pringarse la pechera y sus relucientes gemelos sorbiendo platos como los spaghetti con ajos tostados, aceite de oliva y guindilla picantilla o los perfumados con laurel, que por lo visto son la especialidad de la ingobernable Sofía Loren, ¡mamma mía! Otros muchos optan por entregarse en brazos de los fettuccine a la trufa, o de los ravioli hechos en casa con salsa de tomate Giardinetto o los tagliolini con caviar y cebollino, dignos de cualquier fino paladar que, por ejemplo, celebre una herencia de una acaudalada tía recién enterrada, ¡pobrecita! Pero aún hay más, porque para los apetitos más voraces triunfa el galáctico trío de pastas, que no es otra cosa maravillosa que un plato combinado de fettuccine pringado de trufa, panzerotti con hongos y spaguettis al laurel de la “tata” Loren.

Además de las pastas, que cuando se bordan son pura perdición, son especialidad los risottos bien estofados de hongos y queso de Parma, el de cangrejos y gambas, o el de queso Gorgonzola y espárragos verdes. Para los más siesos que cuiden la línea y todo lo anterior les parezca bailar a ritmo endiablado, podrán tirarse sobre el rape asado servido sobre una compota de tomate y cebolla guisada con albahaca, la suprema de merluza a la romana, el fino y delicado carpaccio Giardinetto o Harry’s Bar, la paillarda o filete de ternera o un bien condimentado steak tártaro, eso sí, escoltado con patatas fritas y ensalada. Tanto la tarta de chocolate con crema inglesa, las ciruelas al Armagnac, el helado de vainilla con chocolate caliente, el tiramisú o el pudding de pasas y ron, son buenas opciones para salir del lugar dando brincos y felices como perdices castellanas.

Il Giardinetto
La Granada del Penedés 28 – Barcelona
Tel.: 932 187 536 – 934 156 234
www.ilgiardinetto.es
contacto Poldo Pomés: 639 353 728

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PRECIO 50 €

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