Va bene

Disco Burger
Todo está simple y llanamente brutal, y que así sea por los siglos de los siglos

Les aseguro que ser un tribulete del ñampazampismo es una actividad poco arriesgada que tiene mucho menos de epopeya que lo que todos ustedes imaginan. Para echar leña al fuego están los guionistas de Hollywood o los que imaginaron al ratoncito de la película Ratatouille, ese que bajo el gorro de cocinero era capaz de teledirigir la manufactura de un pisto provenzal, una ternera “ravigota” o una estupenda vaca a la moda con sus zanahorias torneadas, sus patatas y su pata de ternera. Hoy vivimos tiempos en los que la chavalería quiere ser chef de renombre o crítico gastronómico, ¡qué panolis!, y todavía algún despistado piensa que las nociones básicas las aprenderá en televisión o en algún máster presencial de esos que terminan en fraternal showcooking, juuuntos como hermanos, mieeembros de una iglesia, vaaamos caminando aaal encueeentro del siiifóóón.

Cuántas leyendas hemos oído todos de tal o cual inspector que acude a sus citas disfrazado con su bigote postizo, o la de aquel otro que jamás reserva mesa con anticipación revelando su verdadera identidad e inventa nombres comunes para que los patrones de los garitos piensen que quién acudirá es saltimbanqui, electricista, sexador de pollos, butanero, decorador de interiores o bombero torero. Muchos de ustedes recordarán al inspector Charles Duchemin, interpretado por el titán Louis de Funès, que daba vida al prestigioso periodista culinario y editor de la guía Duchemin, calificando y valorando la calidad y la grandeza de los grandes templos franceses. En el peliculón, el amigo Charles atravesaba una etapa sensible de su carrera profesional, pues estando cerca su jubilación, mantenía un conflicto contra la comida rápida, poniendo en entredicho al empresario Tricatel y enfrentándole a la calidad de la tradición. El fenómeno de Charles albergaba la esperanza de que su hijo mantuviera esa cruzada contra la hamburguesa y la patata frita, y continuara así la honorable tradición laboral de su progenitor. Al final, el pobre Louis de Funès se las ve y se las desea con Coluche, que interpretaba al chaval, porque su verdadera vocación no era ser notario de los grandes restoranes y levantar acta de los festines de los grandes chefs, sino ser payaso de circo con todas sus consecuencias.

Y curiosamente el mundo da vueltas como un tiovivo y hoy muchos profesionales que calzamos mandil parecemos payasos de feria con nuestros numeritos circenses y nuestras piruetas y las tontunas y en las fotos hacemos el chorra con el canelón relleno de suspiros gelificados de monja tuerta, y otros, que se dedican al noble arte del bocata, la hamburguesa y el sangüis plancheado, van y lo siguen bordando  perfeccionando el asunto con patatas bien fritas. Efectivamente, hablamos del inmenso Va Bene, que desde fecha reciente incorporó la feliz compañía de montañas de patatas a todas las especialidades que borda la casa desde que lo inaugurara el gran Luis Gallastegui, que dios lo tenga a su vera para beneficio de su corte celestial.

Aunque nunca es tarea fácil decir que “algo” es lo mejor del mundo mundial, porque a uno le salen hijos bastardos hasta en las Azores, en el caso del garito que nos ocupa no tengo la menor duda de que sus hamburguesas son las mejores y allá vamos, cuesta abajo y sin frenos, punto pelota. Más allá de toda la estética tejana y rocabili de moteros, estaciones de servicio de Wisconsin, vaqueros en pantalón de peto e ilustraciones del gran Norman Rockwell, los amigos del VB hacen un trabajo ejemplar que es correspondido por todos los que llevamos tantos años cautivos con toda su carta y la calidad de siempre, pues mantienen aquello inalterable y sin fisuras.

El primigenio VB levantó la persiana en el cogollo de lo que entonces era todo un hervidero de tascas frente al bar Hollywood, el primer pub de la ciudad que aún mantiene viva su fachada roja. Los chavales más guapos del centro se daban cita en la zona al ritmo de los Nikis, Supertramp, Police, Rod Stewart, Roxy Music o Bruce Springsteen y de golpe y porrazo las copas de más se convertían en benditas, gracias a las especialidades que ventilaban los muchachos del VB a ritmo endiablado. Y ahí siguen, hechos unos pichis con alguna cana en la melena, gastando carne de primera y escogiendo todos y cada uno de sus ingredientes minuciosamente para que zampes lo que zampes, los ojos te den vueltas y desees comerte otra y otra más. La “ocho” arrasa allá por donde pisa y es el hit del lugar, hamburguesa con cebolla deliciosamente frita, queso, beicon churruscado y huevo en su punto, que revienta y lo llena todo de pringosa yema. Si salen de una juerga con Nacho Vidal la tienen doble de carne. La “seis” es una señora vegetal como dios manda y tiene adeptos a destajo, porque la mahonesa del lugar rompe la pana. Tanto como la “once”, que atesora lechuga, pepinillos, huevos revueltos y una electrizante salsa americana, cuya recetilla guardan celosamente, ¡cacho perros! Otros mueren por el “veintiséis”, que es un monumento insuperable y condensa el guarrindonguismo en un mordisco, ya saben, pechuga de pollo con lechuga, tomate, cebolla, jamón, queso, beicon, huevo y un tumulto de salsa mahonesa, en la que puedes untar hasta la cabeza si te pilla en faena a altas horas de la madrugada de vuelta a casa.

Podríamos seguir y no parar, pechuga con beicon y revuelto de champis, lomo con queso, pimientos del piquillo y huevo… siempre ingredientes sencillos y clavados, el menos es más en su máxima expresión, sin gilipolleces. Es la hamburguesería total que mola sin igual a todas las “pes” del espectro social, pasotas, pijos, putas, panolis, pobres, pedorros, pilinguis, periodistas, pantuflos, pastosos, pendones, pingos o polimilis.

Va Bene
Blas de Lezo 4
Tel.: 943 454 699

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Tasca
¿CON QUIÉN? Con amigos
PRECIO 20 €

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