Bodegas Buezo

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O de la suma atención al detalle.

Algunas veces me da por pensar (¿qué cosas, eh?) lo profundamente tarugos que nos ponemos cuando ensalzamos (merecidamente, claro) esas cosas maravillosas que hay en el extranjero y lo chupis que son esos paisajes de la Toscana y esos vinos tan ricos y tal. Y no porque nos pongamos medio bobos y se nos giren los ojos de enamoramiento, que también, pero… Carajos, que no hay que irse a la Toscana para disfrutar de cosas así de bellas y de vinos así de ricos.

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No hace demasiadas semanas, justo antes de que el otoño nos regalara una paleta de colores infinitos en las viñas, me dejaron perderme por la provincia de Burgos entre los viñedos de las Bodegas Buezo, enclavadas en un lugar con el exótico nombre de Mahamud.

bodegas-buezo_4De la mano de Miguel, sumo sacerdote del paladar, pude adentrarme en un templo vinícola sin necesidad de rito iniciático en el que el único dios es el vino bueno, al que nos rendimos con poca mesura y menos sacrificios.

Asombrado por los detalles de unas instalaciones que reposaban a la espera de la llegada de racimos perfectos e intactos de uvas, nos adentramos en la sala donde la uva, prístina y sin mancha, caerá por su propio peso hacia las prensas en un trasiego indoloro, para que no sufra. Para que el vino sea perfecto…

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Y de ahí, al dormitorio de barricas (bonito nombre, ¿verdad?), donde reposan en su sueño de roble los líquidos sagrados que dentro de unos pocos años nos echaremos al coleto. Espacio a raudales, aire limpio, nada de apreturas, que lo importante es que duerman bien.

bodegas-buezo_5Allí, en medio de esa Toscana de la Ribera del Arlanza que tenemos tan cerca y tan lejos en el recuerdo.

Pocos vinos con el nombre Buezo: solo cuatro variedades, pero cada botella mimada como si fuera la única de la cosecha. Eso se agradece. Y vinos que disfrutan del tiempo, tiempo de sueño y tiempo de reposo. Desde el clásico tempranillo hasta el misterioso y capicúa Nattan hasta esos tesoros inéditos y anónimos que no tienen etiqueta y que responden al capricho de los paladares de bodeguero y enólogos a partes iguales.

Y de lo mejor del día, un comedor a ras de viñedo donde se come casi tan bien como se bebe. Con la misma atención al detalle que en los vinos y con mucha calma. Pero esa es otra historia, y ha de ser contada en otra ocasión.

 

Bodegas Buezo
Mahamud / Ciadoncha
Burgos
Teléfono 947 616 899

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