Restaurante Yakitoro

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¡Brocheta’s power!

Chicote pone en marcha un tasco imaginativo, disfrutón y accesible.

El amigo Alberto Chicote es un auténtico toro de lidia, una bestia parda que se mete en mil berenjenales y al que no le falta el resuello. No contento con patearse toda la geografía del país, de la ceca a la meca en los asuntos varios a los que la tele le lleva, va el tío y se pone el mundo por montera abriendo un nuevo garito en pleno cogollito de la Villa y Corte, ¡genio y figura!

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Les juro que, conociendo de cerca el patinete que conllevan las infinitas horas de grabación de un programa de tele, hay que ser un campeón de la pentanca para simultanear todo ese currelo inaugurando un nuevo restorán, es más fácil vender lanas, montar una mercería o un puticlú finolis, pero senadores tiene Roma, y Alberto es uno bien plenipotenciario.

Chicote dejó los fogones de Nodo y PandeLujo, para aventurarse en todo este gran “fregao” que es la televisión, después de ser pionero guisando fusión resuelta con una clase del copón; lo suyo siempre ha sido la mezcla japo-mediterránea, desde que el swing de la combinación se le agarró a las entrañas y empezó a leer todo lo que caía en sus manos, que por aquel entonces en España era bien poco, abriendo nuevos horizontes a su estilo a través del infalible método de prueba-error, ya saben, caerse y levantarse. Se licenció en el tema con nota sobresaliente y cuando nadie quiso ponerse en el papel de Gordon Ramsay al frente de un programa complicado, él le echo dos pelotas colganderas y el resultado es asunto conocido por todos.

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No le ha faltado valor tampoco inaugurando esta nueva taberna en pleno centro de Madrid, en la calle La Reina, lugar en el que se concentran las mejores coctelerías del foro.

Cuenta Alberto que la idea no fue suya sino de su socio Eduardo Castillo que había estado en Japón en una taberna Yakitori y volvió convencido de que el invento podría funcionar también aquí. La reconversión castiza del nombre fue sencilla, bastó con el cambio de una sola sílaba, y el reto, adaptar platos patrios a la técnica de la brocheta, que es como sirven estos platillos los nipones. En definitiva, una forma de comer de tapas, o pinchos mejor dicho, todo bien ensartado y con aroma a brasa y sabores muy nuestros.

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Chicote buscaba algo informal, divertido y desenfadado que permitiese al comensal comer sin gilipolleces y sin dejarse un pastizal. El local es grande y luminoso, con una cocina vista central con sus tres parrillas cubriendo cada área del tasco y alrededor repartidas las mesas corridas, bien chulas por cierto, con cubitera central para que las birras estén siempre bien frías, todo niquelado de la mano del estudio de arquitectura Picado y Blas.

Suele estar hasta los topes, así que reserven antes si no quieren quedarse con el culo al aire y una vez allí, pidan a destajo, lo mejor es probar casi de todo, que las brochetas se zampan en un pispas y lo que mola es el juego de sabores y contrastes. Hay Yakitoros innumerables, de agua, tierra, granja y finca, pero lo mejor es ir abriendo boca con alguna de las ensaladas de la huerta que proponen, la de tomate con jengibre encurtido y aceite de oliva virgen extra es un puntazo ahora en verano, sobre todo por ese jengibre reventón, al igual que la de tomates y melocotones con vinagreta de limón y albahaca, ¡viva la frescura!

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Vamos con el pincheo propiamente dicho: para los piraos del ceviche, irrenunciable el de corvina con cilantro y ají amarillo, y tremenda la brocheta de atún rojo y pack choy, con un lacado denso atómico refregado sobre pan y salmorejo, ¡ñampazampa!

Muy “made in Spain” los yakitoros de espeto de sardinas con pan rústico y aceite de mar, las pequeñas patatas asadas con salsa brava, la tortilla de patatas con cebollas y salsa alioli o las cebolletas frescas asadas con salsa romescu.

Al igual que en las tabernas japonesas, aquí también el pollo tiene gran protagonismo, hay pollastre al ajillo, crujiente con salsa agridulce cañí, contramuslos en salsa pepitoria, alitas lacadas con miel de caña, dados en tempura, otros con mojo rojo y papa canaria y deliciosas albóndigas picantes de pollo con tocineta ibérica.

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Si quieren rematar en plan glotón, una de butifarra fresca bien dorada, con cebollino picado o el de bocata de panceta ibérica y pepino, “cebatil” y fresco a la vez, pero si se quedaron ya a medio gas, acaben con el cordero marinado en yogur y hierbas, asado y bien tostado, un bocado delicado.

Dejen sitio para el postre, ¡por tutatis!, aunque sea una breve pincelada, los helados son estratosféricos, el de vainilla con aceite de oliva, jengibre y crackers de avellana, y el de fresa y wasabi, se salen del mapamundi.

El restorán acaba de echar a andar y todavía habrá margen para ajustar cosas, pero el chef madrileño ya ha puesto en marcha esta taberna que tan bien le refleja, imaginativa, disfrutona y accesible. ¡Que los éxitos le acompañen a este monstruo por los siglos de los siglos, amén!

Restaurante Yakitoro
C/Reina, 4
28.004 Madrid
Teléfono: 917 371441
Web: www.yakitoro.com

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Modernito
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja/ En familia
PRECIO 30 €

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Un pensamiento en “Restaurante Yakitoro

  1. ricardo

    Vas de coña con lo del restaurante Chicote. Por favor se serio y que lo que piquemos no nos sintamos engañados. Por favor seriedad.

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