Hornazos (y punto)

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O de hornazos que quitan el sentío.

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Uno de los recuerdos más tragones de las Semanas Santas de mi tierna (y no tan tierna) infancia es ver a la Petronila y la Orencia (mi abuela y mi tía-abuela, para más señas) haciendo una picada con productos del cerdo bajos en colesterol como panceta, chorizo, lomo, y huevo duro y llevarlos a la panadería de mi pueblo para que preñaran con ellos una buena masa de pan. Tal cual, sin chorradas.

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El resultante de tamaña barbaridad era (y es) un hornazo.

hornazo_5Afortunadamente, hay en este mundo artesanos valientes que siguen empeñándose en que no se pierdan estas tradiciones y, en un ejercicio de singular arrojo, se atreven a sacar de la pura temporada algunos productos para ofrecerlos durante todo el año.

Es el caso de Pedro y Manuel (monta tanto), abulenses del sur que hace la friolera de un cuarto de siglo decidieron trasladarse a la capital de la provincia desafiando a los elementos (no solo al clima, conste) para ofrecer hornazos durante todo el año. Y nos los comemos por unidades, oigan.

El origen del negocio, en el que se afanan diez pares de manos, es cuando menos curioso. Cuentan los propietarios que para dar salida al aceite que sale de sus propios olivos, decidieron montar este obrador maravilloso del que sólo salen obras de arte.

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Pedro dice desconocer cuántos hornazos se hacen al año, aunque son unos cuantos miles, si hacemos un cálculo rápido y tenemos en cuenta que sólo en Semana Santa en mi casa nos comemos una docena.

Pero como no sólo de hornazo viven el hombre y la mujer, aquí se pueden encontrar otros cuantos productos de temporada que quitan el sentío. Dicen que se acerca la Navidad, así que compramos unas cuantas toneladas de almendra, agregamos azúcar y salen unos mazapanes de impresión. Y lo dice uno al que el mazapán no le gustaba hasta que conoció estos. Y cómo no, polvorones: brutales.

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Y si vienen los reyes, roscones. Y si es jálogüin, huesos de santo… Y así, hasta el infinito.

También venden pan “de la Aldea”. Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión (como la de las magdalenas).

No pierdan el tiempo: vengan en coche, en tren o a pie. Lo mejor es que siempre tendrán una palabra de cariño, una sonrisa y buena conversación. Puro arte.

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Dulces Santo Tomás
Calle de Calderón de la Barca, 1
05001 Ávila, España
+34 920 22 70 05

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