La Bastide

 

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O de un restaurante que es un disfrute a la francesa.

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Eléonore Guérard es la anfitriona de una casa excepcional, en pleno valle del “Gers”.

Gascuña es un país de cucaña en el que el verde y la hermosura del paisaje invitan al disfrute, un jardín de esencias raras en el que crecen flores de loto, rosas silvestres, nenúfares, palmeras y castaños de gran porte. Los templarios buscaron refugio en sus numerosas bastidas y su historia está escrita sobre la piedra, aunque el tesoro más preciado siga siendo su Armagnac, ese néctar dorado que vive sus horas más bajas arrinconado por cubalibres, gintonics y demás tragos con hielo.

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Escondida en el viejo casco medieval de Barbotan y escoltada por la iglesia medieval del pueblo, se alza esta cartuja del siglo XVIII que ofrece al visitante una interminable sucesión de salones abiertos al jardín y a sus comedores. Un mediodía al abrigo de la chimenea en su biblioteca, una cena bajo los tilos o un té bebido en sus sofás, son planes que pueden disfrutarse aún más por el detalle de los ambientes recreados por los Guérard, propietarios de la casa.

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Christine y Michel Guérard confiaron el establecimiento a su hija Eléonore Guérard y a Bruno Griffoul, “gascones de adopción” que atienden el lugar con el estilo que dictan los cánones de la familia, sabrán que aquello que tocan lo convierten en una referencia de la hotelería mundial; definir un estilo cocinando es asunto bien difícil, pero aún lo es más crear tendencia y ser renovadores del “saber vivir a la francesa”, adoptando un estilo propio inconfundible e inimitable. Es el caso de La Bastide.

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Su restorán y habitaciones son el pulmón de un magnífico edificio de estilo italiano que ofrece una fachada a caballo entre la residencia de un indiano y un palacio en la mismísima Toscana. El mobiliario florece en su interior con aire desenfadado, alrededor de hermosos ventanales, flores y preciosas pinturas, mientras el exterior se ordena en verdes avenidas, huertos y destellos de glicinias, espigas o flores multicolores que bordean fuentes y senderos. Reina un ambiente campestre, fresco, moderno y refinado y para que la estancia sea inolvidable, ofrecen camas con mullidos edredones, cuartos de baño de ensueño con duchas imperiales, toallas de panal de abeja y espacios comunes en los que uno pasea sintiéndose Sir Winston Churchill.

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Denle gusto al cuerpo, visiten el balneario y chapoteen en las aguas como ranas, entregándose a la neblina del baño turco o a los chorros curativos proporcionados por personal experto que atiende de locura. Así, tras una mañana de relax y la correspondiente ducha reparadora, deben abandonarse en su cocina más ligera, elaborada con productos locales que no descuidan el menor detalle, postre incluido. Por la noche, para los fanáticos de la tradición y del terruño, la carta festiva se aproxima a otro timbre de gloria del paraíso Guérard, La Ferme aux Grives, con su cocina rústica y refinada en la que los clásicos de la gastronomía francesa se reinventan, flirteando con la cesta de la compra de los mercados de la zona.

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Así, podrán echar mano a un foie gras de campeonato, confitado en su propia grasa y refrescado con ensalada de alubias tiernas, no olviden que pisamos “territorio cassoulet”. Disfrutarán, además, del huevo escalfado vestido con hierbas líquidas y queso parmesano o de los salmonetes asados con tocino y zanahorias estofadas con un buen chute de cominos. Casan cosa fina.

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El restorán ofrece por tanto dos estilos bien diferenciados, la cocina apetitosa o la saludable y natural, puestas a punto por el chef Jérôme Artiguebère, pupilo que sigue consignas de Michel Guérard, que como todo el mundo sabe, es el inspirador de la cuisine minceur y uno de los hombres claves en el aligeramiento de la cocina burguesa, al aproximar el valor dietético a la alta gastronomía. Este asunto mantiene vivo al maestro y es el destello de una cocina francesa muy personal que lleva años ejerciendo en Les Prés d’Eugénie: de una forma u otra, es inevitable que todo esto se olfatee también sobre las mesas de La Bastide.

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La paletilla de cordero merece capítulo aparte, tan tierna que revienta en hebras, convertida en mermelada tras pasar por el horno, la sirven con puré cítrico y un pellejo de limón confitado salado que desgrasa cada uno de los mordiscos, ¡ñam!, termina uno su ración y puede subir a la habitación danzando como Rudolf Nureyev, ligero como una fina biscote. Los quesos los afina Xavier, el artesano de la Plaza Víctor Hugo de Toulouse, y los dulces son apetecibles a más no poder: tarta de hojaldre y manzana, torrijas de pan con fresas y helado de cuajada o bizcocho borracho empapado en crema chiboust, pura perdición.

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¡Larga vida a la familia Guérard!

la-bastide_2La Bastide
Barbotan-les-Thermes
Francia
Tel.: 0033 562 08 31 00
labastide@chainethermale.fr
www.bastide-gasconne.com

 

 

COCINA Sport elegante
AMBIENTE Campestre
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja
PRECIO comer desde 60 € / habitaciones desde 150 €

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