Poliesportiu

O de un restaurante que tiene la pasión como guía.

Arroz significa agua, huertos y regadíos, feracidad, alegría y vitalidad.

Hace unos cuantos lustros, al dueño del parisino restaurante La Biche le parecía un esperpento que en un solo plato se pudieran mezclar cosas tan variopintas como caldo, pedazos de pollo, trozos de pimiento, anguila, almejas e incluso lomo de cerdo llegado el caso: semejante guirigay solo puede tener un resultado más que notable en una formulación como la paella, como bien habrán adivinado.

La anécdota la contaba con su habitual sorna Julio Camba en “La Casa de Lúculo”, lo que le llevaba a equiparar el “espanto” del chef galo al enfrentamiento que en su día se produjo en el ámbito literario entre los románticos frente a la facción neoclásica, ya saben, la libertad de estilos, la grandilocuencia y la anarquía dándose codazos con las rígidas normas de la antigüedad helénica.

Visto lo visto, no queda más que darle la razón al gallego a la hora de catalogar la paella o cualquier otro arroz valenciano o alicantino de magníficas hechuras, como un “plato romántico, lleno de realismo y de color local”. Y es que nos chifla el arroz, en sus múltiples vertientes y representaciones, pues como advertían Néstor Luján y Juan Perucho, “arroz significa agua, agua significa huertos y regadíos, feracidad, alegría y vitalidad”. En los últimos tiempos nos hemos zampado arroces que deberían colgarse de las paredes de un museo, el de pitu de caleya de Nacho Manzano, el de butifarra de perol que ofician en el “Lasarte” de Barcelona, el arroz con almejas del “Ibai” donostiarra, el de caracoles y karrakelas de Pedro Subijana, las paellas del “Samm” madrileño o el risotto a la milanesa de “Can Fabes”, soberbios a más no poder.

Pero si en algún lugar el arroz tiene el más sólido de los fundamentos es Valencia y aledaños, así que para Picassent nos vamos, atraídos por los cantos de sirenas de unos arroces atómicos en un restaurante de polideportivo, ¡con un par!, inaugurado hace más de veinte años por Fina y Felipe Blasco como chiringuito y que admite hoy a más de trescientos pelotaris sentados en sus mesas, y ¡ni son vizcaínos ni del Athletic de Bilbao! El Poliesportiu está a escasos quince kilómetros de Valencia, primero fue bar y luego restorán, siendo claro ejemplo de dedicación, esfuerzo, buenas dosis de currelo y superación, con la pasión como guía para currarse los mejores guisos de la zona para una parroquia absolutamente entregada que llena cada fin de semana los comedores de un garito que dispone de tres cocinas, una de cuarto frío y pastelería, otra de pase, y la última para confeccionar el plato estrella de la casa, con veinte quemadores de gas a pleno rendimiento y doce de leña, un lujo al alcance de muy pocos, los hay más emperifollados pero con menos chicha que nuestro polideportivo favorito.

A medida que el local creció, el entorno también sufrió su propia metamorfosis y surgieron como champiñones numerosas zonas ajardinadas, así que plantaron una terraza y volvió a casa Felipe “el hermoso”, como en el anuncio de turrones “El Almendro”, tras una incursión en la alta cocina de Martín Berasategui llegó a Lasarte para unos pocos meses y se quedó más de dos años demostrando ser un casta de primera, pocas veces el chef donostiarra yerra con sus fichajes. Así que de regreso a Picassent, se hizo cargo de la cocina familiar mientras su padre llevaba las riendas de la sala con desparpajo.

Con todo lo aprendido, el joven cocinero dio un buen giro a la carta, de tal forma que no deben perderse entrantes como las alcachofas guisadas con Pedro Ximenez y foie gras, el pulpo salteado con patatas, las vieiras al ajillo con setas y verduras, la sepia rellena con salsa de cigalas y vermú o el tomate relleno y asado; Si las tienen, pidan clóchinas, exquisitas hermanastras del mejillón galego, pero dejen sitio al arroz y no sean zampabollos, pues el respetable se casca muchos kilómetros al volante para dar cuenta del más reputado de la casa, el caldoso de bogavante, puro pecado, aunque no le van a la zaga las recetas clásicas de paella valenciana, el “arrós del senyoret”, el “allipebrat”, otro con conejo, setas y vino, o la “fideuá” de fideo fino, resuelta con un punto insuperable y un manejo de la técnica de flipar en cinemascope.

Si aún les queda algún hueco en la panza, métanse un refrescante “valenciano” de obligado cumplimiento, un bizcocho esponjoso de naranjas y almendras, o quizás un helado de vainilla con horchata que pone la pepitilla mirando a Gibraltar, por no hablar de la panacotta de caramelo o las crepes rellenas de helado de turrón, golosinas que en cuanto hacen acto de presencia iluminan un neón mental de centelleantes letras fosforescentes: ¡perdición! De Picassent al cielo, ¿o era al infierno?

Poliesportiu
Av. Blasco Ibañez, s/n
Picassent-Valencia
Tel.: 961 241 530 / 961 240 576

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Deportivo
¿CON QUIÉN? Con amigos / En familia
PRECIO 40 €

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Un pensamiento en “Poliesportiu

  1. nicolas

    che nano! ahi tinc que anar!
    saludos para david de jorge desde valencia, te sigo por los podcast.. eres un crack!!!
    amunt!

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