La Bauhinia

O de gozar de una suntuosidad palaciega de las mil y unas noches, ¡qué nivel Maribel!

Philippe Labbé conquista la excelencia desde su imponente residencia parisina.

El último palacio de los Napoleón en París fue construido entre 1892 y 1896 por Roland Bonaparte, descendiente directo del Emperador, que quiso poner así a buen recaudo los recuerdos de familia y su preciosa biblioteca científica, pues lo consideraron uno de los mayores botánicos de su tiempo. El grupo hotelero Shangri-La ha comenzado la conquista de Europa desde este señorial monumento histórico situado frente a la torre Eiffel, punta de lanza de la Belle Époque más refinada que sobrevuela el Sena desde el nobilísimo barrio de Chaillot, ofreciendo una incomparable panorámica de los puentes.

En su corazón, luce estructura metálica y vidriera excepcionales, descubiertas durante los cuatro años de trabajos de restauración, que devolvieron al conjunto todo su esplendor original, intervención ejemplar y costosísima dirigida por Richard Martinet, que supuso para el hotel la inscripción en el inventario general de monumentos del ministerio de cultura francés, como una de las joyas más hermosas del patrimonio histórico parisino.

La marquetería de incalculable valor fue cubierta de pintura gris por los antiguos propietarios y su restauración ha sacado a la luz un portentoso trabajo de talla “Napoleón I”; las puertas de caoba coronadas con águilas que alzan el vuelo y las chimeneas, recuperaron todo su genio; al mismo tiempo, el entarimado “Versalles” se desarmó pieza a pieza en un minucioso trabajo de orfebrería, siendo decapado, encerado y vuelto a colocar, al igual que los relieves de la techumbre, que volvieron a lucir gracias a las cien mil láminas de pan de oro aplicadas a mano, una a una.

Desde estos salones Imperio hasta el restorán la Bauhinia, se produce un viaje tranquilo de estilos y formas hacia el continente asiático; los sofás encarnados evocan la fastuosidad de la vieja corte imperial china, rodeados de papeles pintados en tonos pastel con motivos preciosos, flores, pájaros y todo un derroche de delicadeza oriental rematada por una colosal lámpara de Murano que confunde al viajero y lo adormece en ese estado de placidez que le impide saber a ciencia cierta dónde está… ¿Hong-Kong?, ¿quizás pise Shanghái?, ¿tal vez Venecia?, ¿acaso se trate de pura ensoñación? El mérito del interiorista Pierre-Yves Rochon, ha sido recrear al borde del Sena un universo particular en el que las civilizaciones antiguas se confunden en una verdadera borrachera de buen gusto.

Acaban de inaugurar el Shang Palace, un restorán gastronómico cantonés en el que trabajan cinco chefs recién aterrizados desde China, encabezados por Frank Xu, auténtico portento que trabaja a las órdenes del capo de la barraca, el insustituible Philippe Labbé, chef ejecutivo del hotel desde abril de 2009; antes, Labbé trabajó con Roger Verger en el histórico Moulin de Mougins y pasó otra buena temporada en el Plaza Athénée, rematando su trayectoria en La Chèvre d’Or de Eze, en plena Riviera Francesa; de nuevo en París, Philippe se hizo cargo de este nuevo desafío, empujado por su innata curiosidad por la gastronomía asiática, tan proclive a la alianza de los productos más frescos y a ese compromiso natural entre tradición y modernidad, lo que él denomina “una reflexión sobre la creación y el gusto” que permite sorprender al comensal y someterlo al placer de ese territorio a medio caballo entre oriente y occidente.

Al grano, vayan al bar y rodeados de maderas nobles y bronces, pidan cualquier cóctel de inspiración asiática que dan lustre a la casa, perfumados con raifort, wasabi, salsa de soja, pimienta de Sichuan o jengibre, empujados con una selección de Dim Sum; ¿mi sugerencia? Beban un Pink Lady, trago inspirado en la neoyorquina Elsie de Wolfe, actriz, apasionada coleccionista, instigadora de las grandes recepciones de la vida mundana de los años treinta y vieja inquilina de la casa.

Pasen a la mesa y gocen con la suntuosidad palaciega de las mil y una noches, atendidos por Olivier Pistre, Baptiste Peupion y Frédéric Claudel, que les harán sentirse verdaderos Pachás; leerán en el menú que algunos platos son especiados y se sorprenderán con una carta que alberga el mejor jamón de las dehesas extremeñas, ahí es nada; el día de nuestra visita nos obsequiaron con una torta caliente de caza salvaje guarnecida con higos; el foie gras confitado con pimientas lo pringan de chutney de manzana verde; la vedette de la casa tiene forma de yam som o’ tailandés, que es algo así como una ensalada de pomelo con gambas, vinagreta de lima, coriandro y chiles, misteriosa como una vieja ciudad perdida en el desierto; sugestionados por este vaivén de culturas, déjense querer por las endivias glaseadas con crema de trufa blanca y vuelvan a electrocutarse con los singapore fried noodles, fideos de arroz hechos en casa con verdura crocante, coriandro, sésamo, pasta de curri y leche de coco; ale, paséense ahora en góndola por la cristiandad con los gnocchetti en salsa de nueces y Parmigiano Reggiano y vuelvan a la pagoda-style con los otak-otak indonesios, especie de papillot de bacalao con pasta de curri amarillo, coco, lima y albahaca thaï; el curry laksa malayo de fideos con pollo, tofu y soja está soberbio y el hainan chicken rice, un poule-au-pot chinolis, cura el catarro de cuajo y les ahogará todas las penas de amor.

La Bauhinia
Hotel Shangri-La
10, Avenue d’Iéna-Paris
Tel.: 00 33 (0)1 53 67 19 91
www.shangri-la.com

COCINA Nivelón
AMBIENTE Lujo
¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / En familia
PRECIO 150 €

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