Kiruri

O de un lugar que si no existiera habría que inventarlo.

Fue casa de postas, refugio de viajeros, truchimanes y contrabandistas, gentes que necesitan bebida fresca y fogón bien amarrado.

Siendo el menor de los varones de trece hermanos, Ignacio no fue un mindungui en su familia, pues su destino estuvo claro desde crío, ser hombre de armas o dedicarse al Señor, pasando su niñez entre las villas de Azpeitia y Azkoitia, en el valle de Loiola, educado por las directrices del “duro mandoble” y el “fervor religioso”; según cuentan del padre de la Iglesia moderna, en 1521 colaboró en la defensa de Pamplona, acosada por un rey francés, terminando herido en combate en su pierna derecha y enviado a la casa familiar, donde pasó la convalecencia; menos mal que no existía aún el vecino Kiruri, ¡santa casa!, pues se hubiera refugiado en su sopa, en su chorizo cocido y en la baraja de naipes.

En aquel tiempo caen en sus manos lecturas piadosas que le hacen descubrir un nuevo horizonte en su vida, una primera conversión que le provocó una lucha interior entre sus deseos piadosos y sus deseos mundanos, verdadero “putadón de Aviñón”, para entendernos; en 1522 peregrinó el santo a Montserrat, hizo confesión general y apartó sus vestidos y espada, continuando camino hacia Manresa donde inició vida de pobreza, oración y penitencia, dando paso a un tiempo de turbación, escrúpulos, dudas y angustias, viviendo las singulares experiencias divinas por todos conocidas y  recogidas en su libro de los Ejercicios Espirituales… ¡ay!, si lo hubieran atendido en Kiruri con su comercio y su buen bebercio, sería recordado hoy como un habilidoso y pendenciero espadachín, protagonista de historias de carnaza y hueso, puro Alejandro Dumas, oigan; el caso es que cinco años más tarde, Ignacio vive dos procesamientos, un encarcelamiento y sale de prisión viéndose sometido a la prohibición de predicamento y enseñanza de materia teológica, por no tener estudios.

Viajó a Salamanca con escala en Barcelona y fin de trayecto en París; en 1538 ofreció su primera misa en Santa María la Maggiore y dos años más tarde, Paulo III confirmó la fundación de la Compañía de Jesús, comenzándose la redacción de las capitulaciones de la Institución, siendo elegido el de Loiola como superior general de la misma; a partir de este momento vivió Ignacio permanentemente en Roma, muriendo en 1556, siendo enterrado en el lugar que actualmente ocupa la Iglesia del Gesú; ¡gora gure patroi haundia!, ¡gora!, bueno, y ahora a comer al Kiruri.

Se accede bajo una arboleda preciosa que bordea la carretera, y nada más entrar al lugar podrán tomar un piscolabis en el bar o en su terraza, levanten bien la vista antes de entrar y reparen un último segundo en la cúpula del santuario, no sean sosos, despídanse del santo por un rato y saluden al viejo y noble arte de ejercer parada y fonda con nobleza, pues Paula Tanco y Miren Guridi saben de esto un buen puñado, ¡vaya casta tienen!; antes, aquello se llamó Etxaniz y tuvieron montada sidrería, plaza de toros y colmado de ultramarinos, vendieron choperas, alpargatas, jabón, manzanas, sardina vieja, cordones, corchos e hicieron capeas, con toros y todo; de ahí pasó a restorán que bautizaron Kiruri, así se llamó el viejo caserío que albergó la sidrería, y se empezó a forjar una leyenda iniciada ciento setenta años atrás, con comedores sencillos y terrazas en las que muchos disfrutan aún hoy comiendo en familia, con amigos o novias: callos guisados, ensaladilla rusa, tortillas, filete con ajos, arroz de puchero, sopa y chuletas de cordero; son miles las mujeres vascas que aprendieron allá a guisar y muchos los chefs que desfilaron por su amplia y hermosa cocina, conservada aún hoy como los chorros del oro, en la que se han guisado porrón y medio de banquetes y bodas, allá se pelean hoy Juan, Margari “la portuguesa” y Asier, entre cajas de anchoa, merluza y chicharro, rodeados de ajos, limpiando pucheros, pelando cebollas, haciendo flanes y picando verdura como condenados, currándose la cocina de raíz más fundamental, pringando como tigres de bengala para que sepamos lo que es comer bueno y rápido sobre una mesa, sin gilipolladas; no olviden que el lugar fue casa de postas, refugio de viajeros, truchimanes y contrabandistas, gentes que necesitaron bebida fresca y fogón bien amarrado, por eso revolucionaron el negocio una y mil veces y lo pusieron patas arriba las veces que fue necesario, para que hoy pueda seguir mirando al mundo, como la doctrina del vecino Ignacio.

Arantzi, Isabel y Eusebi son las segundas madres de medio Euskadi, corren por la sala atendiendo a todo pichichi, ofreciendo comida reparadora, anchoa en salazón, pinchos de foie gras y salmón ahumado a troche y moche, puerro frito en gabardina con salsa romesco, entremeses especiales fríos y calientes, salpicón de marisco, ensalada de pollo, cigalas asadas, mero asado o pichón de caserío estofado; pero la mejor virtud es poder hacerse un totum revolutum entre lo que dicta la carta y lo que se guisa todos los días para los de casa, vainas hervidas con jugo de queso, maravillosos huevos al plato o huevos rellenos, un platillo colosal que la ama de Miren hacía en vigilia, que merece ir a pie para comerse, si es necesario; la lubina al txakoli, la merluza plancha o rebozada y el cordero asado, están de rechupete.

Los postres son de otro tiempo, cuando no existía sacarina y los municipales llevaban guante blanco y casco de hierro: soufflé o tortilla Alaska, copa de la casa, macedonia o Alcañiz -especie de valenciano con zumo de naranja y mantecado-, todos soberbios y servidos en abundancia, como en las celebradas Bodas de Caná.

Si no existiera el Kiruri, habría que inventarlo.

Kiruri
Loiola Hiribidea 24, Apdo. 49
Loiola-Azpeitia
Tel.: 943 815 608
www.kiruri.com

COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Campestre
¿CON QUIÉN? Con amigos / En familia / Negocios
PRECIO 40 €

Crédito fotográfico Santuario de Loiola by Bastian

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

4 pensamientos en “Kiruri

  1. Tintxo

    Todo muy bueno. Solo 1 puntualización histórico-política: La herida de San Ignacio, que tiene estatua en Pamplona, era de cuando peleaba con las tropas castellanas contra las tropas francesas aliadas de los Reyes Navarros que luchaban por recuperar su reino lanzando una contraofensiva desde Baja Nabarra…pero bueno, pelillos a la mar con ese postre que nos ilustras!

  2. El Lute

    Queda apuntado en mi agenda de viajes por hacer y lugares de paso y parada obligatoria para cuando suba por esos nortes, que de vez en cuando hay que hacer una escapadita.

  3. Marialuisa

    ¡Ay David!, aquí estoy con la amá (en su patata de ordenador), y quería ver el programa de ayer (en esta casa como dije un día solo se ve a Bob Esponja), y me encuentro con el Kiruri. Qué buena gente, Eusebi e Isabel, yo hice allí las 2 comuniones de mis hijos solo por las croquetas, jajaja, no te digo más,somos capaces de andar kilómetros por comer…y la boda de uno de mis hermanos, y les tenemos un cariño, ¡cuánto me alegro que les hayas puesto!, les mando un beso desde aquí.

  4. Aitor Aguirrezabal

    Kaixo, hoy lunes 8 de agosto 2016 hemos ido a comer al restaurante kiruri un menu del dia y hemos salido decepcionados de la mala calidad del arroz con almejas que justo se podia comer del pescado rebozado que dicen mis hijos es peor que de la jangela de la ikastola y llegamos al postre y el hojaldre no crujia hace dias y el puding de queso estaba pasado y no lo hemos podido comer , eso si la camarera era simpatica menos mal, De jorge si les habra olvivado cocinar
    Ojala tengais mas suerte los que vayais , nosotros iremos al otro que esta junto a la basilica de loiola por si acaso

Deja un comentario