El Celler de Can Roca

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La cocina de los hermanos Roca es feliz y serena como pocas, ¡qué clase!

Cuando aparcas en el Celler, te ves en un aserradero de Cincinnati, qué hermosura de fachada, cientos de tablones tapizan el muro de carga sobre el que se planta, majestuoso, el restorán. Tras remontar una pequeña rampa, descubres la elegante casona burguesa de piedra que se alza en dos plantas, abuhardillada y provista de una balconada que la atraviesa en todo el frente, salpicada de contraventanas color gris.

Si te acercas a ellas temblarás de gozo cuando adivines el ejército de cocineros moviéndose a la velocidad del rayo puchero en mano, bien uniformados; la cocina es preciosa, caprichosa, delineada y proyectada hasta el último detalle por los hermanos Roca i Fontané, exquisitos gourmands que supieron conjugar el confort, la funcionalidad y la belleza en todos y cada uno de los espacios de la casa.

canrocacocina1Joan y Jordi gobiernan la cocina y poseen una pequeña biblioteca desde la que dominan fuegos y sartenes, sí, oyeron bien, libros entre pucheros, qué felicidad más grande. La luz es cegadora y el ambiente de trabajo silencioso, parecen cartujos enfilando el camino a los maitines. Tienen chimenea y los fogones son negros y esmaltados, a la vieja usanza, engarzados de remaches cromados, las cazuelas de hierro colado Le Creuset escupen humo sobre las planchas, hierven caldos, se reducen jugos, se tuestan huesos, se deshuesan pollos, patos y gallinas, se pican cebollas y bolean pequeños panes.

Josep es el guardián de los cinco enormes cubos plantados en el huerto de los olivos, entre hierbas aromáticas almacena vinos de corazón noble y gran cabeza que aguardan en la oscuridad para robarle inspiración a la tristeza; ya saben que la última cena fue un verdadero poema de amargura cuando Jesús tomó el pan, lo bendijo, repartió su cuerpo y tomando su vaso de vino bebieron de él todos: esto es mi sangre que por muchos es derramada, de cierto os digo que no probaré más del fruto de la vid hasta el día que beba de nuevo en el cielo; el nazareno sabía que en ese brindis pavoroso estaban los dineros de Judas, el beso, el martirio, la cruz y la resurrección: entonces, bajó su copa y comenzó el segundo acto de la historia universal que aún continúa. Todos y cada uno de los vinos que se elaboraron desde entonces, están en la bodega de Can Roca. A un precio estupendo, por cierto.

¿Qué ha de comerse? Es lo de menos, todo está bueno.

Primero traen a la mesa un olivo con aceitunas caramelizadas verdes y negras, galletas de chanquete, un tonificante bombón de Campari, espinas de anchoa en tempura, castañas con trufas, un brioche de boletus edulis al vapor de escudella y onzas de turrón de foie gras.

Luego aparecen, abra-cadabra, un hojaldre vegetal de acederas y jugo yodado; la velouté de Crustáceos, erizos de mar, coliflor y mandarinas; una tortilla de caviar de arenque ahumado, que es volcán de huevos negros; la gamba abrasada en la arena; el lenguado de playa con aceite de oliva, hinojo, bergamota, naranja, piñones y aceitunas negras, verdadero perfume y luz cegadora del mediterráneo; la escudella de bacalao, ñoquis de patata, terrina de brandada, col y tripas de bacalao; los pellizcos de cordero y pan con tomate; el canibalísimo filete tártaro con helado de mostaza, patatas sufladas, tomate especiado, compota de alcaparras, encurtidos, limón, praliné de avellanas, salsa bearnesa, pasa de oloroso, cebollino, pimienta Sichuan, curry y pimentón de la Vera, nunca comí carne animal tan fastuosa; la capicúa de cerdo ibérico, carrillera, oreja y rabo, bellotas de naranja y clavo; el bombón de pichón con pan de especias, enebro, naranja y la liebre a la royal con remolacha.

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Los dulces, de morirse; parfait de mandarina a la parrilla con boniato a la brasa; el postre láctico con requesón, mousse de mató, algodón de azúcar con polvo de yogur y granizado de guayaba, madre-mía-qué-rico y la “Tierra de Hermés” que consiste en una crema de chocolate, leche de jazmín, naranja, pachuli, destilado de tierra, bizcocho de chocolate y pomelo o cómo se sirven claroscuros en un plato.

Can Roca es asunto serio, comiendo allá se te puede caer el bigote.

El Celler de Can Roca

Can Sunyer 48

Girona

972 222 157

www.cellercanroca.com

info@cellercanroca.com

COCINA Nivelón

AMBIENTE Modernito / Lujo

¿CON QUIÉN? Con amigos / En pareja / Negocios

PRECIO 150 €

Publicado el 19/02/2009 en el suplemento GPS de El Correo y el 20/02/2010 en el Diario Vasco

Crédito fotográfico by Lobo Altuna

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3 comentarios en “El Celler de Can Roca

  1. Ste

    epa! es el mismisimo menu que hice yo hace unas pocas semanas… todo excelente, de primera, aunque tengo un apunte, a ver que opinas tu:
    Los postres. El menú es tan bueno tan bueno, que los postres fueron para nosotros una decepción. Para mi, no estan al altura del resto. Hay una linea bastante neta entre mundo salado y mundo dulce, ya que a este último, me pareció que le sobrara la parte «poetica» y les faltara la parte de «sabor» mayuscolo. una pena.

  2. El Abuelo Cascarrabias

    Allí estuvimos el viernes, por fin, tras cinco meses de espera.

    El trato magnífico y los platos para un vegetariano como yo simplemente es-pec-ta-cu-la-res.

    La sopa de cebolla y nueces y la crema de calabaza con mandarina tendrían que enseñarse en la escuela.

    Una delicia.

  3. pepe fernandez

    El otro dia pusieron en mas maroc una pantalla de futbol gigante para ver el barca-manchester..

    esto es normal?

    pagando 250 euros y aguantar el futbol?

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