Apuntes para la última cena

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O de que una vez muera Alon Ruvalcaba, seguirá gimiendo la cocina en el interior de su esqueleto.

Iría por tiempos: 0.5. Panza de atún montada en una bolita de arroz. Un solo bocado: contendría mi recuerdo de todos los atunes que he probado y he visto en sus corrales a unos kilómetros de la playa en Ensenada.

1. Jamón de cerdo ibérico. Unos 50 gramos: así, recién recién cortado, sin nada más. Debería estar al tiempo de este día al final de noviembre: 15 grados, y que su grasa empiece a gotear sobre mi mesa; que me manche los dedos.

2. Sopa de lentejas. Pero de las buenas: espesa, con jitomates dulces y pancetta; con yerbas, con mantequilla, con parmesano. Sopa extraída a una memoria fija hacia 1980, cuando todo era posible: días exactamente opuestos a mi último día.

3. Pollo rostizado. ¿Es mi imaginación o hay un prejuicio contra el pollo rostizado? He oído gente burlarse de otras personas porque comen pollo rostizado en la calle, en el parque, en el metro. Increíble. El pollo rostizado es la suma perfecta: puro animal y puro fuego. Es hacer que el animal se aporte a sí mismo: la piel da textura, la grasa llena a la carne de sabor. En plan doméstico: el pollo rostizado del súper, dorado ambarino cafecito; en plan de comer parados, los puestos blancos semifijos del metro Juárez o el metro Insurgentes; en plan de comer sentados, en México, dos sensacionales de Masaryk que guardaré en secreto; en Francia, el de l’Arpège; en Austria, el de Meinl am Graben. (Yo viví en Viena, trémulamente, unos meses. Si el mundo fuera justo y ésta de verdad fuera mi última cena comería pollo de Meinl am Graben, no otro pollo rostizado, y en el plato traería ensalada de papas en vinagre –Erdäpfelsalat–, y lo comería en el metro vienés de vuelta a mi casa, porque en esa ciudad dichosa eso no es un atentado contra el refinamiento del metro como aquí.)

4. Un jocho. ¿Pero cuál? Los he buscado desde que se nos revelaron, hacia 1979, en Zacatecas. Eran hermosos: con un montón de jitomate y chile crudo. Opciones: los jochos todos rosas del centro en Monterrey; jochos en Praga, largos largos, con col agria; en Viena, previsiblemente, con la salchicha rellena de queso (Käsekrainer se llaman); aquí en la ciudad el jocho de la zona rosa, que podía aliviar la borrachera incipiente o avanzada de dos personas; en Jerez, con África enfrente, afuera del antro, del Camelot para ser exactos, donde llevan dos salchichas; en Santiago cubiertos con un montón (literal: un monte con aumentativo) de aguacate… No, no: ninguno de ésos es el de la última cena. Ese jocho es el del tianguis sabatino de Frankfurt, mero centro, y como en la última cena tengo derecho a lo que yo quiera mi hermana iría conmigo, y nos sorprendería eternamente el sabor a tizne de carbón, y la mostaza fuertísima y el bollo humeante. Ése sería el último jocho necesario sobre la tierra.

5. Entonces tomaría un receso y diría: tráiganme un mango.

6. Y luego quesos: roquefort, manchego semi, torta del casar, unas lasquitas de parmigiano. Higos, nueces, pan. Ate. Mermeladas, miel.

7. Un chocolatín, un espresso.

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Y habría bebido champaña rosada; vino blanco de Chile fresquísimo, blanco de Borgoña de los ponedores; tinto: l’Ermita; blanco dulce casi ámbar de Austria; y al final, nomás por descansar el paladar, de nuevo un blanco de Chile hiperfresco. 
Entonces me llevarían a la silla eléctrica, y del otro lado del vidrio blindado y final estarían dos o tres amigos y dos o tres ex novias, hermosos virreyes perdidos, y una voz me preguntaría si tengo algo que decir y yo respondería elegantemente “no”, y justo cuando el verdugo suba el switch y yo sienta que una corriente me tensa para siempre jamás, pensaría: ¡Carajo!, hubiera pedido una hamburguesa.

alon.ruvalcaba@gmail.com

Crédito fotográfico by eDsanca & David de Jorge E.

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5 pensamientos en “Apuntes para la última cena

  1. Carmen

    De acuerdo con las delicias del mar en Ensenada, pero en cuanto al pollo y el jocho, mmmh. Prefiero unos tacos grasosos de suadero, con salsa picada de chile güero, con cebolla, aguacate y para evitar que se ponga negro: un poco de tomate molido.

    Ese Alon, sabes que te extaño manito

  2. isabel

    en agosto hice este mismo ejercicio en mi blog. fue algo mucho más corto y no tan bien logrado (obvio), pero al final tuve a bien señalar que la lista propuesta seguramente cambiaría con el paso del tiempo.

    y cambió.

    te conocí: nunca más una lista así podrá no incluír una botella de vino escogida por ti, un arroz caldoso de lampuga, un tentáculo de pulpo del fiesole (¡tan pequeño y tan rico!) o un taco de langosta con frijoles de puerto nuevo.

    ningún postre lo será más si no lo comparto contigo, sin tus besos al terminar de comerlo. y qué mejor si ocurre así en la cena última de mi vida.

    <3

    iz

  3. alón

    agosto se ve lejísimos. qué bueno. por favor, que la última cena se parezca a esta cena que se alarga dichosa a través de los meses. que no le faltes tú, iz!

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