Dorada “king-size”

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O de una llamada que  avisa de la captura de una “hembra” de precioso calibre.

Como ocurre en los Films de Quentin Tarantino, todo cristo que se precie empieza con el sobresalto de un telefonazo de madrugada, que es el momento del día en el que los buenos cocineros contrabandean con el material que luego asarán en hornos, sofreirán en ollas o marcarán en sartenes. Y así fue, ocurrió mientras dormía plácidamente el pasado jueves, Patxi Aizpuru me levantó de la cama de un brinco, “chaval, acaban de sacar entre Orio y Donostia una dorada grande como un funicular, ponte algo y baja al muelle”.

Como el asunto apestaba a típico caso de oscuro malecón en el que flota un cadáver, uno sabe que el manual le obliga a llamar urgentemente al señor Lobo a la redacción del Diario Vasco para que mande un fotógrafo-forense al lugar de los hechos, tome una imagen del fiambre y podamos, así, colgarla de esta preciosa contraportada del periódico en la que suelen tratarse asuntos de vital importancia para nuestra sociedad guipuzcoana.

El caso es que si lo piensan bien no aparece todos los días una preciosa hembra de este calibre por nuestras costas, pintarrajeada de oro en el cogote, ojos chicos y encarnados, labios carnosos, agallas incandescentes, gruesas escamas y condición carnívora, una devoradora de “patxela” o cangrejo de cebo, moluscos y todo tipo de pececillos que tritura con su poderosa piñata.

¿Cómo fueron los hechos?

En este punto les presento a José Luis Larrinaga, de oscuro en la imagen, pescador de lo viejo de cincuenta y ocho años que se retirará el año que viene y arrinconará para siempre su preciosa chalupa que atiende al nombre de “Guk”. Un tipo valiente que aún lanza la palangre en nuestras aguas y dedica su vida a la pesca artesana, sensata y responsable. No daba crédito a lo que veían sus ojos cuando asomó el morro desde las profundidades nuestra preciosa protagonista, en el centro de la foto vestida de plata, y asegura que fue un milagro, “con un bicho de ese peso mi aparejo no aguanta”.

Ander Garmendia, en el centro y a rayas, comerciante de pescado de “La Bretxa” y habitual de la Cofradía Donostiarra, noble institución en la que subastaron el animal que ofreció en báscula un peso de siete kilazos y medio de pura chicha. Él la compró. ¿A qué precio? Hablar de duros en las joyerías es una ordinariez, pues la lonja es una Platería Satostegui llena de lubinas, lenguados, sapos, musharras, salmonetes, perlones, congrios, medianas, pescadillas y bonitos.

El pescado nunca es caro.

Y a la derecha, con chaquetilla blanca, nuestro chef del Urola, bandido con oficio que pisa suelo firme, guisa aún con cazuela de aluminio y acostumbra a levantarme del camastro cuando tropieza con enormes tesoros. Aún recuerda un mero de treinta y cinco kilos, merluzas de diez, boletus edulis gordos como niños y un lomo de buey de Luismi que dio en balanza setenta kilotones, que es casi peso Welter. Aún hace un par de semanas, cocinó para amigos un bogavante de cinco kilos al horno, con sal y mantequilla.

Esto es todo, no hay más. Una dorada que pasó por acá y tropezó con José Luis, un fotógrafo del Diario, Ander y el señor Aizpuru, que la asará al horno entera con patatas, tomates frescos, vino blanco, aceite de oliva virgen y miel de acacia, “sin refrito, ni vinagre, nada de ajos, quizás un pellizco de tomillo le irá de perlas”.

Buen provecho a quienes se la jamen.

Crédito fotográfico by Luis Michelena

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2 pensamientos en “Dorada “king-size”

  1. germanete

    Magnífico “bicho”. El texto como en los libros d Capote condensa toda la trama, q se ve y se oye, y en el último párrafo se saborea.
    Magnífico narrador.

  2. Jose Luis Fernandez

    Excelente articulo David, te sigo hace tiempo desde Sevilla, y me alegra que sea Urola quien haya conseguido ta preciado botin para regocijo de los clientes de tan magnifico restaurante.

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