Guggenheimweh

guggenheimweh

O de una reflexión en torno a un restorán que da pleno en la diana como nunca vi y sin citar un solo plato, para más bemoles.

“Todos sabemos que abrir un restaurante sin haber leído a Hegel puede tener algunas consecuencias (hallarán la explicación en la obra de l’Éngagement Triptique : “Mix Memorias”, todavía sin publicar). Entre esas consecuencias hay algunas que aparecen evidenciadas en el restaurante que se encuentra en el Guggenheim Bilbao y que refieren a la diferencia de los niveles entre lo pretendido y lo alcanzado (…)”

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Crédito fotográfico by Lord Worldgate

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2 pensamientos en “Guggenheimweh

  1. Eduardo

    Pues la verdad, no estoy de acuerdo en absoluto. Mi vista al lugar fue de lo más decepcionante. Es más que posible que mi poca confianza en estos “experimentos” esotéricos tenga algo que ver, y no lo escondo. No obstante, en mi opinión la altísima cocina, esa en la que uno se puede permitir casi todo porque lo conoce y domina todo y todo le sale bien, es asunto de cuatro cocineros en el mundo. Cuatro, si, dije bien, cuatro. Los demás hacen lo que pueden y la verdad,la mayor parte del tiempo no aciertan. No aciertan nada de nada. Y muchas veces decepcionan, como fue el caso cuando estuve en el Guggenheim.
    Yo al final . . . vuelvo a lo de siempre, o a lo de siempre algo estilizado y pasado por la sala de restauración (nunca mejor dicho) y por eso, en Bilbao, lo tengo claro: Etxanobe. Y no volveré al Guggenheim, a no ser que su cocinero mayor (no me averguenza decir que no sé quien es) vuelva de nuevo a la realidad, al mundo de lo factible, y nos haga una rica cocina que entusiasme, que de hecho, fijense bien! estoy seguro de que sabe hacer, y seguro que es lo que cocina en su casa…
    Saludos

  2. Ignacio

    Yo tampoco estoy de acuerdo, cuando he visto la foto del trocito de pan que ofrecen cómo entrante, no puedo menos que relatar mi (decepcionante) experiencia
    Era la sexta que que íbamos. Celebrábamos un acontecimiento familiar, pero aquello había cambiado radicalmente. La tutela de Martín Berasatégui había desaparecido hace tiempo y ahora la oferta de menú gastronómico es un desvarío entre filamentos de cardo naufragando en una gigantesta palangana que contiene un caldo insípido y artificioso, una berenjena sobre un plato que semeja un lienzo conceptual sin ninguna gracia (y lo que es peor, sin ningún sabor destacable), un tercer plato consistente en un trozo de agüacate que también naufragaba en la inmensidad de una vajilla gigante ahogada en un caldito (una vez más) insípido y tibio (?)
    Los “pensamientos de cordero” son tres trocitos del tamaño de una moneda de euro en otro caldo ridículo, la merluza, sin ninguna gracia, incorporaba otro caldo de color verde y también tibio… que provocó unánimemente la idea de salir huyendo de semejante disparate gastronómico… hubo quien miro a su alrededor por ver si estábamos siendo víctimas de alguna cámara oculta….
    Qué horror, qué inmenso horror….la apuesta de Martinez Arija es la de un suicida antes de saltar al vacio. Este restaurante ha sido- en mi opinión- lo mejor de Bilbao durante mucho tiempo y ahora es una aventura conceptual que raya en lo ofensivo para el cliente.
    En fín, destrozaron nuestra celebración familiar , no quiero continuar para no reavivar un recuerdo tan lamentable

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