El queso de Chesterton

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O de una reflexión sobre la modernidad a propósito de un queso mal guarnecido.

Los lectores de Gilbert K. Chesterton recordarán sus paradojas, al Padre Brown, el inesperado detective y su humor. Conservador hasta el extremo de sorprender al mundo, todas sus excentricidades se rescatan en el marco de un humanismo cultivado. Murió en 1936.

En su libro “Alarmas y disgresiones” dedica algunas reflexiones al queso inglés, respetado y reconocido hasta por los franceses. De allí extraemos el fragmento que sigue:

“…Pero el queso tiene otra cualidad que es el alma misma de los cantos. Una vez, dando conferencias, hice una gira estrafalaria a través de Inglaterra, una gira de tipo tan original y hasta ilógico, que me vi precisado cuatro días sucesivos a tomar mi almuerzo en cuatro posadas situadas junto a caminos vecinales en cuatro condados diferentes. En cada una de esas posadas no tenían otra cosa que pan y queso, y no puedo imaginarme por qué un hombre puede desear más que pan y queso, si puede hallar bastante cantidad de ambos. En cada posada el queso era bueno, en cada posada el queso era diferente.

Había un noble queso de Wensleydale en Yorkshire, un queso de Cheshire en Chesire, y así sucesivamente. Y llegamos al lugar en el cual la verdadera civilización poética difiere de esa civilización mecanizada que nos esclaviza a todos. Las malas costumbres son universales y rígidas, como el militarismo moderno. Las buenas costumbres son universales y variadas, como la caballerosidad innata y la autodefensa. Después de haber realizado mi peregrinación por las cuatro posadas situadas en caminos vecinales llegué a una ciudad grande y moderna, y allí, procediendo con gran rapidez y completa consecuencia, me fui a un restaurant muy complicado, donde sabía que me darían muchas otras cosas además de pan y queso. Bien es verdad que también me pudieron dar esto; o, por lo menos, esperé que me lo diesen; pero me recordaron agudamente que había dejado a Inglaterra detrás de mí y que había entrado en Babilonia.

chester1El camarero me trajo queso, pero un queso cortado en despreciables pedacitos; y el hecho más horrible consistió en que me trajo galletas en lugar del pan cristiano. ¡Galletas -para alguien que ha comido el queso en nuestras grandes campiñas-. Galletas, para alguien que ha vuelto a probar la santidad de los antiguos esponsales del pan y del queso!

Me dirigí al camarero con cálidas y conmovedoras palabras. Le pregunté quien era él para separar lo que la humanidad había unido. Le pregunté si, como artista, no sentía que una sustancia sólida pero dócil como el queso, armonizaba naturalmente con una sustancia sólida y dócil como el pan; comerlo con galletas era como comerlo con trozos de pizarra. Le pregunté si, cuando rezaba el Padrenuestro, era tan arrogante que pedía galletas. Me vio, en general, a comprender que estaba obedeciendo las costumbres de la sociedad moderna. Y, por lo tanto, he decidido elevar mi voz, no contra el camarero, sino en contra de la sociedad moderna, para evitar este enorme mal moderno y sin par”.

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3 pensamientos en “El queso de Chesterton

  1. David de Jorge E.

    ya que nadie lo dirá, pues no hay muchos tan tarados como yo, he de comentar y comento que la foto de este post, mirada de refilón, parece un maravilloso azulejo portugués. y no he fumado nada, eh? bye

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